jueves, 14 de abril de 2016

Didaché - Epílogo escatológico (XVI)

 
CAPÍTULO XVI

1. ¡Velad por vuestra vida! Que vuestras linternas no estén extinguidas ni desceñidos vuestros lomos; mas estad alerta, porque no sabéis la hora en que el Señor va á venir.
2. Reuníos con frecuencia, solícitos de lo que aprovecha a vuestras almas. Pues no os aprovechará todo el tiempo que vivisteis en la fe, si no estáis perfectos en el último tiempo.
3. Porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y se convertirán las ovejas en lobos, y el amor se convertirá en odio.
4. Porque, mientras que la iniquidad se acrecentará, se odiarán unos a otros, se perseguirán y entregarán: y entonces aparecerá el impostor del mundo como hijo de Dios, y hará señales y prodigios. Y la tierra será entregada en sus manos. Y cometerá iniquidades como jamás se hizo en el decurso de los siglos.
5. Entonces vendrá el Juicio de los hombres en el fuego de la prueba. Y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveraren en su fe, se salvarán de la misma condenación.
6. Y luego aparecerán las señales de la verdad: primero la señal de la revelación en el cielo, después la señal de la voz de trompeta, y finalmente, la resurrección de los muertos.
7. Pero no de todos, sino según fue dicho: "Vendrá el Señor, y todos los santos con El"
8. Entonces el mundo verá al Señor, viniendo sobre las nubes del Cielo.




 

Didaché - Sección disciplinar (XI - XV)


CAPÍTULO XI

1. Quien, pues, viniere a vosotros enseñándoos todo lo dicho anteriormente, a ése acogedle.
2. Si, empero, el que enseña se pervirtió y enseñare otra doctrina para la disolución, no le escuchéis. Mas si enseña en la manera de aumentar la justicia y ciencia del Señor, ¡acogedle como al Señor!
3. En cuanto a los apóstoles y profetas, proceded así conforme al Evangelio.
4. Todo apóstol que llegue a vosotros, ha de ser recibido como el Señor.
5. Pero no se quedará por más de un día o dos, si hace falta; quedándose tres días, es un falso profeta.
6. Al partir, el apóstol no aceptará nada sino pan para sustentarse hasta llegar a otro hospedaje. Si pidiere dinero, es un falso profeta.
7. Y a todo profeta que hable en espíritu, no le tentéis ni pongáis a prueba. Porque todo pecado se perdona; mas este pecado no será perdonado.
8. Pero no cualquiera que habla en espíritu es profeta, sino sólo cuando tenga las costumbres del Señor. Pues, por las costumbres se conocerá al seudo profeta y al profeta.
9. Y ningún profeta, disponiendo la mesa en espíritu, comerá de la misma; de lo contrario, es un falso profeta.
10. Pero todo profeta que enseña la verdad, y no hace lo que enseña, es un profeta falso.
11. Todo profeta, sin embargo, probado y auténtico, que celebra el misterio cósmico de la Iglesia, pero no enseña a hacer lo que él hace, no ha de ser juzgado por vosotros. Su juicio corresponde a Dios. Porque otro tanto hicieron los antiguos profetas.
12. Mas quien dijere en espíritu: Dame dinero, u otra cosa semejante, no lo escuchéis. Si, empero, os dice que deis para otros menesterosos, nadie lo juzgue.


CAPÍTULO XII

1. Todo el que viniere en el nombre del Señor, sea acogido. Luego de haberlo probado, lo conoceréis; pues tenéis criterio para juzgar entre la diestra y la siniestra.
2. Si el advenedizo viene tan sólo de paso, socorredle todo lo posible. El, por su parte, no quedará entre vosotros más que dos, o según su necesidad, tres días.
3. Mas si quisiere radicarse entre vosotros, como artesano, trabaje y coma.
4. Si no sabe oficio alguno, proveeréis según vuestra inteligencia, para que no viva entre vosotros un cristiano holgazán.
5. Si a eso no quiere conformarse, es un traficante de Cristo. ¡Cuidado con ésos!


CAPÍTULO XIII

1. Todo profeta verdadero que deseare radicarse entre vosotros, es digno de su comida.
2. Asimismo, un doctor verdadero es, como obrero, digno de su comida. Todas las primicias del lagar y de los campos, del ganado y de las ovejas, las tomarás y darás a los profetas; porque ellos son vuestros príncipes sacerdotes.
3. Mas, si no tuviereis profeta, ¡dad a los pobres!
4. Cuando haces pan, tomarás la primicia y la darás conforme al mandato.
5. Asimismo, cuando abres la tinaja de vino o del aceite, tomarás la primicia y la darás a los profetas.
6. Del dinero y de las vestimentas y de todo cuanto poseas, tomarás la primicia, según te parezca, y la darás conforme al mandato.


CAPÍTULO XIV

1. Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.
2. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.
3. Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".


CAPÍTULO XV

1. Elegíos, pues, obispos y diáconos dignos del Señor, varones mansos, indiferentes al dinero, veraces y probados. Porque también ellos administran para vosotros el oficio (liturgia) de los profetas y doctores.
2. No los menospreciéis; porque ellos son venerables entre vosotros, junto con los profetas y doctores.
3. Vosotros tratad de convenceros no con irá sino pacíficamente, así como lo tenéis (preceptuado) en el Evangelio. Y si alguno hubiere ofendido a otro, nadie le hable, nadie le escuche, hasta que se arrepintiere
4. Vuestras oraciones, vuestras obras de caridad, y todas las obras haced de manera como lo tenéis (ordenado) en el Evangelio de nuestro Señor.



 

Didaché - Sección litúrgica (VII - X)

  
CAPÍTULO VII

1. En cuanto al bautismo, éste es el modo de bautizar: habiendo previamente dicho todo esto, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva.
2. Si no tienes agua viva, bautiza en otra agua. Si no puedes en (agua) fría, (bautiza) en caliente.
3. Si, empero, no tienes ni una ni otra, derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
4. Antes del bautismo, el que bautiza y el que ha de ser bautizado, ayunen, y asimismo otros que puedan hacerlo. Mandas ayunar al bautizando uno o dos días antes.


CAPÍTULO VIII

1. Vuestros ayunos, sin embargo, no sean con los hipócritas: los que ayunan el segundo y el quinto día después del sábado. Vosotros, en cambio, ayunad el cuarto día y el viernes.
2. Tampoco habéis de rezar como los hipócritas, mas como el Señor mandó en su Evangelio, así habéis de rezar:

Nuestro Padre, en los cielos,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad, como en el Cielo así también en la tierra.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy.
Y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos lleves a la tentación; mas líbranos del mal.
Porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos.

3. Tres veces debéis rezar de este modo cada día.


CAPÍTULO IX

1. En cuanto a la Eucaristía, así habéis de realizarla:
2. Primero sobre el Cáliz:

Te damos gracias, nuestro Padre,
por la sagrada vid de David, tu siervo,

la cual nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo;
A Ti la gloria en los siglos.

3. Y sobre la partición (del pan):

Te damos gracias, nuestro Padre,
por la vida y la ciencia
que nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo:
A Ti la gloria en los siglos.
Como este pan fue repartido sobre los montes, y, recogido, se hizo uno, así sea recogida tu Iglesia desde los límites de la tierra en tu Reino
porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, en los siglos.


4. Pero nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía, sino (únicamente) los que están bautizados en el nombre del Señor. Porque también de esto el Señor ha dicho: "¡No deis lo santo a los perros !"


CAPÍTULO X

1. Y después de hartaros, así dad gracias:
2. Te damos gracias, Padre Santo,

por tu santo nombre, al cual hiciste habitar en nuestros corazones;
y por la ciencia y fe e inmortalidad,
que nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo:
A Ti la gloria en los siglos.
3. Tú, ¡oh Señor, Todopoderoso!,

lo creaste todo a causa de tu nombre;
diste comida y bebida a los hombres para su fruición, para que te diesen gracias.
A nosotros, empero, nos regalaste comida y bebida espiritual

y la vida eterna, por tu Hijo y Siervo.
4. Ante todo te damos gracias porque eres poderoso:

A Ti gloria en los siglos.
5. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,

para librarla de todo mal, y hacerla perfecta en tu amor;
aúnala desde los cuatro vientos a la santificada, en tu Reino que para ella preparaste: porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos.
6. Venga tu gracia, y pase este mundo.

¡Hosanna al Dios de David!
Si uno es santo, se acerque. Si no lo es, conviértase.
Marán-athá!

Amén.

A los profetas permitid hacer gracias cuantas quieran.


 

martes, 12 de abril de 2016

Didaché - Sección moral (I - VI)


CAPÍTULO I

La doctrina del Señor para las naciones mediante los Apóstoles.
1. Hay dos caminos: uno de la vida, y otro de la muerte; pero muy grande es la diferencia entre los dos caminos.
2. El camino de la vida, pues, es éste: Primero, amarás a Dios que te creó; y segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo lo que no quieras que te suceda a ti, tú tampoco lo hagas a otro.
3. La doctrina de estos dichos es ésta: Bendecid a los que os maldicen, y rogad por vuestros enemigos: ayunad por los que os persiguen. Porque, ¿qué gracia hay en querer a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros, en cambio amad a los que os odian, y no tendréis enemigo alguno.
4. Abstente de codicias carnales y corporales. Si alguno te diere un golpe en la mejilla derecha, ofrécele también la izquierda, y serás perfecto. Si alguno te forzare a caminar con él una milla, acompáñale otra más. Si alguno te quitare tu capa, dale también tu túnica. Si alguno te tomare lo que es tuyo, no se lo reclames; porque no puedes (hacerlo).
5. Da a todos los que te pidan, y no lo reclames (después). Porque el Padre quiere que se de a todos de sus propias dádivas. ¡Bienaventurado el que da según el mandato, porque es inocente! ¡Ay, empero, del que tome! Porque quien tome por necesidad, es inocente. Mas quien no tuviere necesidad,
habrá de dar cuenta de por qué tomó y para que. Le tomarán preso y le interrogarán de lo que hizo; y no saldrá de allí hasta que haya devuelto el céntimo.
6. De esto también fue dicho: Exudará tu limosna en tus manos hasta que sepas a quien la das.

CAPÍTULO II

1. El segundo mandamiento de la doctrina:
2. No matarás. No cometerás adulterio. No corromperás a los jóvenes. No fornicarás. No hurtarás. No harás brujerías. No prepararás venenos. No cometerás aborto ni infanticidio. No codiciarás los bienes de tu prójimo.
3. No perjurarás. No darás testimonio falso. No hablarás mal (de tu prójimo). No serás vengativo.
4. No serás doble ni bilingüe. Pues, trampa de la muerte es la doblez.
5. Tu palabra no será mentirosa ni vacía, mas llena de obra.
6. No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malicioso, ni soberbio. No tramarás tretas contra tu prójimo.
7. No odiarás a nadie; sino que reprenderás a unos, tendrás compasión de otros; por otros rogarás, y a otros amarás más que a tu propia alma.

CAPÍTULO III

1. Hijo mío, huye de todo malvado y de todo lo que malvado parezca.
2. No seas iracundo; porque la ira lleva al homicidio. Tampoco seas receloso ni rijador, ni altivo; porque de todas estas cosas se originan homicidios.
3. Hijo mío, no seas concupiscente; porque la concupiscencia lleva a los pecados de la carne; tampoco seas hablador de cosas torpes, ni soberbio de la vista; porque de todo esto nacen adulterios.
4. Hijo mío, no seas agorero; porque esto lleva a la idolatría.
5. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la mentira lleva al hurto; tampoco aficionado al dinero, ni vanidoso; porque de todas estas cosas nacen los hurtos.
6. Hijo mío, no seas murmurador; porque lleva a la maledicencia; tampoco arrogante; ni malintencionado: porque de todo esto se originan las maledicencias.
7. Por el contrario, has de ser manso; porque los mansos poseerán la tierra.
8. Sé paciente y misericordioso, sin malicia, quieto y bueno, y temeroso siempre de las palabras que escuchaste.
9. No te ensalces a ti mismo, ni hinches con arrogancia tu alma. Tu corazón no se adhiera a los soberbios, mas se vuelva a los justos y humildes.
10. Todo cuanto suceda has de aceptar por bueno, sabiendo que nada acaece sin Dios.
CAPÍTULO IV

1. Hijo mío, día y noche recuerda a quien te habla de la palabra de Dios, y respétalo como al Señor; porque donde habla la autoridad del Señor, allí está el Señor mismo.
2. Busca cada día los semblantes de los santos para descansar en sus palabras.
3. No desees separaciones (cismas); mas pacifica a los que pelean. Juzgarás con justicia. Tu fallo sobre deslices ha de ser sin acepción de personas.
4. No fluctúes entre el sí y el no.
5. No seas como quien extiende las manos para recibir, y las cierra para no dar.
6. Si tuvieres algo en tus manos, lo darás para la expiación de tus faltas.
7. No tardes en dar, ni des con pesar; pues sabes quien es el que recompensa con sueldo bueno.
8. No huyas del menesteroso, mas compartirás todos tus bienes con tu hermano; no dirás de ninguna cosa: "Esto es mío"; porque, si compartís la suerte inmortal, cuánto más la suerte mortal.
9. No quites tu mano de tu hijo o de tu hija; sino que desde la juventud les enseñarás el temor de Dios.
10. No mandes en tu amargura a tu siervo o a tu sirvienta, que esperan en el mismo Dios, para que no dejen de respetar a Dios que está por encima de ambos. Porque (el divino Salvador) no viene a llamar según la persona, sino a quienes el Espíritu ha preparado.
11. Vosotros, empero, los sirvientes, habéis de obedecer a vuestros amos, como tipo de Dios, con modestia y temor.
12. Tendrás odio a toda hipocresía y a todo lo que no sea
agradable al Señor.
13. No abandones los mandamientos del Señor; mas guarda lo que recibiste, sin añadir ni quitar nada.
14. En la iglesia (asamblea) confiesa tus pecados: y no te acerques a tu oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida.
CAPÍTULO V

1. El camino de la muerte, en cambio, es éste: Sobre todo es malo y lleno de maldición: los asesinatos, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, hurtos, idolatrías, brujerías, preparación de venenos, rapiñas, falsos testimonios, hipocresía, doblez de corazón, dolo, malicia, orgullo, avaricia, turpiloquio, envidia, espíritu atrevido, altanería, ostentación.
2. Perseguidores de los buenos, enemigos de la verdad, amantes de la mentira, desconocedores de la retribución de justicia, no aficionados a lo bueno ni al juicio justo, no vigilantes para lo bueno sino para lo malo; alejados de la mansedumbre y la paciencia, amadores de cosas vanas, y ansiosos de remuneraciones, no compasivos del pobre, e indiferentes para con los apenados, desconocedores de su Hacedor, asesinos de sus hijos, corruptores de la criatura de Dios, los que abandonan al necesitado y oprimen al afligido; abogados de los ricos, inicuos jueces de los pobres, versados en todos los pecados: ¡Libraos de toda esta gente, hijos míos!
CAPÍTULO VI

1. Mira que nadie te seduzca de este camino de la Doctrina, cuando te enseñaren cosas sin miras a Dios.
2. Porque, si puedes sobrellevar todo el yugo del Señor, perfecto serás; si, empero, no puedes: haz lo que puedas.



 

Los escritores y sus obras

La Didaché

La Didaché o Enseñanza de los doce apóstoles, es una obra de la literatura cristiana primitiva compuesta por uno o varios autores. Su fecha de composición se estima que pudo estar en la segunda mitad del siglo I o a principios del segundo. De su contenido se destaca las primeras instrucciones conocidas para la celebración del Bautismo y la Eucaristía, así como una de las tres redacciones que han pervivido de la oración del Padre Nuestro. Es probable que esta obra fuera muy conocida en los primeros siglos; y al igual que otras obras de la literatura cristiana, estuvo mucho tiempo cerca del canon bíblico, antes de ser finalmente descartada.

La Didaché es una obra corta, de 16 capítulos que pueden agruparse en tres secciones y un epílogo:

La sección moral (capítulos 1 al 6), donde se describe la preparación ética que debía alcanzar todo aquel que solicitaba el ingreso en la comunidad cristiana.

La sección litúrgica (capítulos 7 al 10). Se llama así porque en ella se describen los usos relacionados con el culto de la comunidad. Los elementos tratados son el bautismo, los ayunos, la oración y la eucaristía.

La sección disciplinar (capítulos 11 al 15), donde habla de profetas y doctores a los que es preciso distinguir de embaucadores y falsos maestros.

Por último, la Didaché termina con un epílogo escatológico (capítulo 16) de carácter conclusivo que tiene elementos típicos del género apocalíptico como la salvación, el final de los tiempos, con sus pruebas y tribulaciones, la necesaria vigilancia frente al mal y el regreso final del Señor.

CONTENIDO DE LA OBRA



           

          viernes, 29 de enero de 2016

          Simón el mago


          Desde entonces creyó aún menos en Dios y, decidiendo competir por ambición con los Apóstoles, a fin de aparecer él mismo lleno de gloria, se puso a estudiar aún más la magia, a tal punto que llenaba de admiración a muchas personas. El vivió en tiempos del César Claudio, el cual, según se dice, lo honró con una estatua por motivo de sus artes mágicas. Muchos lo glorificaron como a un Dios, pues él les enseñaba que él era quien había aparecido entre los judíos como el Hijo… del que se originaron todas las herejías, tuvo la teoría siguiente: siempre llevaba como compañera en sus viajes a una prostituta llamada Elena, que había recogido en Tiro de Fenicia, diciendo que ella era el primer Pensamiento de la mente… (Ireneo - 180 d.C.)

          Satanás


          Porque cuando se congregan con frecuencia, los poderes de Satanás son abatidos; y sus asechanzas acaban en nada frente a la concordia de su fe. No hay nada mejor que la paz, en la cual toda lucha entre las cosas del cielo y las de la tierra queda abolida. (Ignacio - 50-100)  

          Pero no temas al diablo; pues si temes al Señor, te enseñorearás del diablo, porque no hay poder en él. [Porque] de aquel en quien no hay poder, tampoco hay temor; pero a aquel cuyo poder es glorioso, a éste hay que temer. Porque todo aquel que tiene poder es temido, en tanto que el que no tiene poder es despreciado por todos. Pero teme las obras del diablo, porque son malas. Cuando tú temas al Señor, temerás las obras del diablo y no las harás, sino que te abstendrás de ellas. (Hermas - 150 d.C.)  

          «Señor», le dije, «el hombre está ansioso de guardar los mandamientos de Dios, y no hay uno solo que no pida al Señor que le corrobore en sus mandamientos, y sea sometido a ellos; pero el diablo es duro y se enseñorea de ellos.» «No puede enseñorearse de los siervos de Dios», dijo él, «cuando ponen su esperanza en El de todo su corazón. El diablo puede luchar con ellos, pero no puede vencerlos. Así pues, si le resisten, será vencido, y huirá de ustedes avergonzado. (Hermas - 150 d.C.) 

          Él les sanará de sus pecados anteriores y tendrán poder para dominar las obras del diablo. Pero no hagan ningún caso de las amenazas del diablo; porque sus tendones son impotentes, como los de un muerto. (Hermas - 150 d.C.) 

          Pues parece irrazonable que aquel que venció el enemigo no libre a aquel que fue violentamente herido por el enemigo y el primero en quedar sometido al cautiverio, cuando son arrancados de éste sus hijos a quienes engendró siendo esclavo. Ni parecería vencido el enemigo, si aún pudiese conservar los antiguos despojos. Como si un enemigo atacara a un pueblo y a los vencidos llevara cautivos de modo que por largo tiempo los mantuviese esclavos, durante el cual período éstos engendrasen hijos. Si mucho después alguien se compadeciera de los esclavos y asaltara al enemigo, no actuaría con justicia si liberase a los hijos, de manos de aquellos que habían llevado a sus padres al cautiverio, en cambio dejase bajo la esclavitud del enemigo a aquellos por cuya liberación había luchado. Si los hijos vuelven a adquirir la libertad por motivo de la liberación de sus padres, no pueden quedar cautivos esos mismos padres que desde el principio han sufrido el cautiverio. (Ireneo - 180 d.C.)  

          Sólo la serpiente es maldita. Toda la maldición recayó sobre la serpiente que los había seducido: «Y Dios dijo a la serpiente: Porque has hecho esto, serás maldita entre todos los animales domésticos y las fieras de la tierra» (Génesis 3:14). Esto mismo dirá el Señor en el Evangelio a quienes encuentre a su izquierda: «Apártense, malditos, al fuego eterno que mi Padre preparó para el diablo y sus ángeles» (Mateo 25:41). Con esto quiso dar a entender que el fuego eterno no fue en un principio preparado para el ser humano, sino para aquel que lo sedujo y lo arrastró al pecado; es decir, para el «príncipe de la apostasía» (o sea de «la separación») y para los ángeles que apostataron junto con él. Y justamente también recibirán este castigo quienes, de modo semejante a ellos, perseveren en las obras del mal, sin conversión y arrepentimiento. (Ireneo - 180 d.C.) 

          En aquel primer momento el ángel apóstata, provocando por la serpiente la desobediencia de los hombres, pensó que el asunto quedaría oculto al Señor: por eso Dios le dio la forma y nombre que tiene. Mas ahora, en estos últimos tiempos, el mal se extiende entre los hombres, no sólo haciéndolos apóstatas; sino que, mediante muchas invenciones, los ha hecho blasfemar contra el Creador; quiero decir, por medio de todos los herejes de los que he hablado. (Ireneo - 180 d.C.) 

          El había sembrado semilla buena en su campo (Mateo 13:24), y dice: «El campo es el mundo; pero mientras los hombres dormían, el enemigo vino y sembró encima cizaña entre el trigo, y se marchó» (Mateo 13:25-38). Desde entonces el enemigo es el ángel apóstata, desde el día en que tuvo celos de la creatura de Dios, y se empeñó en hacerla enemiga de Dios…. El afirmó que algunos de los ángeles pertenecen al diablo, y para ellos se preparó el fuego eterno (Mateo 25:41). También dice en la parábola de la cizaña: «La cizaña son los hijos del maligno» (Mateo 13:38). Por eso debemos decir que adscribió a todos los apóstatas a aquel que es el iniciador de la transgresión. No es que (el demonio) haya creado en cuanto a su naturaleza a los ángeles y a los seres humanos. En efecto, nada se halla (en la Escritura) que el diablo haya hecho, pues él mismo es una creatura de Dios, como lo son los demás ángeles. Dios fue quien hizo todas las cosas, como dice David: «Dijo, y todas las cosas fueron hechas; lo mandó, y fueron creadas» (Salmos 33[32]:9). Y como Dios creó todas las cosas, pero el diablo se convirtió en causa de la apostasía propia y de los otros, con justicia la Escritura a quienes perseveran en la apostasía siempre los llama hijos del diablo y ángeles del maligno. (Ireneo - 180 d.C.)  

          De esta manera el Señor lo desenmascaró, diciendo quién era: «Apártate, Satanás, a tu Dios adorarás y a él solo servirás» (Mateo 4:10). De esta manera su nombre lo desnudó y lo mostró tal como es: Satanás, palabra que en hebreo significa apóstata… (Ireneo - 180 d.C.)  

          Mas el diablo, siendo un ángel apóstata, puede hacer solamente lo que hizo desde el principio: seducir y arrastrar la mente del hombre a transgredir los preceptos de Dios, y cegar poco a poco los corazones de aquellos que se dedican a servirlo; de este modo les hace olvidar al verdadero Dios, y adorarlo a él como si fuese Dios… (Ireneo - 180 d.C.)  

          Y no sólo por lo que hemos dicho, sino también por lo que sucederá bajo el poder del Anticristo, se prueba que el diablo, siendo apóstata y ladrón, quiere ser adorado como Dios; y se quiere proclamar rey, siendo un siervo. Porque él, recibiendo todo el poder del diablo, vendrá no como rey justo o legítimo sujeto a Dios, sino como impío, injusto y sin ley, como apóstata, inicuo y homicida, como un ladrón que recapitulará en sí la apostasía del diablo… (Ireneo - 180 d.C.)  

          Bien escribió Justino que antes de la venida del Señor, Satanás nunca se había atrevido a blasfemar contra Dios, pues ignoraba sobre su condenación, ya que los profetas habían hablado de él en parábolas y alegorías. En cambio, una vez que vino el Señor, por las palabras de Cristo y de los Apóstoles supo claramente que, por haberse separado de Dios por su propia voluntad, ha sido preparado para él el fuego eterno (Mateo 25:41), así como para todos los que sin arrepentirse perseveran en la apostasía… (Ireneo - 180 d.C.) 

          El ángel lo sedujo, celoso y envidioso del hombre por los numerosos dones con que Dios le había colmado. Y al persuadirle la desobediencia al mandato divino, provocó su propia ruina al mismo tiempo que hacía al hombre pecador. El ángel, convertido así en jefe y guía del pecado, fue castigado por haber ofendido a Dios, y consiguió al mismo tiempo que el hombre fuera expulsado del Jardín. Y porque con su intento se rebeló y apostató de Dios, fue llamado en hebreo Satán, es decir, apóstata, aunque también le dicen diablo. Dios maldijo además a la serpiente, que había sido disfraz del diablo; maldición que alcanzó al animal mismo y al ángel escondido en él, Satán… Mas el ángel rebelde, el mismo que impulsó al hombre a la desobediencia, que le había hecho pecador y causado su destierro del Jardín, no contento con el primero, obró un nuevo daño, esta vez sobre los dos hermanos; porque llenando a Caín de su propio espíritu le hizo fratricida… (Ireneo - 180 d.C.) 

          Nada puede el diablo contra los siervos del Dios vivo, si no es por permisión de Dios, el cual, o quiere destruir al diablo por medio de la fe de los elegidos que sale victoriosa en la tentación, o quiere mostrar que son del diablo aquellos que se pasan a sus filas. Así, tienes el ejemplo de Job, a quien el diablo no hubiera podido atacar con tentación alguna si no hubiera recibido la permisión de Dios... Y de la misma manera el diablo hubo de pedir permiso para tentar a los apóstoles...pues el Señor dice a Pedro en el evangelio: «Miren que Satanás ha pedido para sacudirlos como el trigo: pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe» (Lucas 22:31); es decir, que no se permitirá al diablo llegar hasta tal extremo que su fe fuese puesta en peligro. Con esto queda patente que en las manos de Dios están ambas cosas: el poder de sacudir la fe y el de protegerla, pues ambas cosas se piden a Dios: el diablo pide poder sacudirla, y el Hijo pide poder protegerla... Cuando decimos al Padre: «No nos dejes caer en la tentación», profesamos que ésta viene de él, pues a él le pedimos que nos libre de ella... Ni siquiera sobre aquel rebaño de cerdos tuvo la legión del diablo poder alguno hasta que no lo consiguió de Dios: mucho menos tiene poder sobre los que son ovejas de Dios… (Tertuliano - 197 d.C.)